LA EMERGENCIA

Monterrey
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Desde El Monterrey De Las Montañas

Guillermo García Villegas

No hay relación más bipolar en México como la de Monterrey con el agua. Una ciudad de clima semiárido que sin embargo sufre aluviones dignos del apocalipsis. A décadas de su fundación Alonso de León escribía sobre la inundación de 1636 “[Dios] envió tanta agua el mes de septiembre del año treinta y seis, que parece se abrieron las cataratas del cielo y rompieron las fuentes del abismo de las sierras, según las bocas que por ellas reventaron en las reventazones que hacía el agua, causando pavor y miedo. Derribó todas las casas de Monterrey y las iglesias dejándolo hecho un desierto.”

Quizás, son esas esporádicas tormentas espectaculares las que nos hacen olvidar que estamos en una zona donde los depósitos de agua más importantes son obras del ser humano y ante el crecimiento poblacional e industrial esas obras van quedando obsoletas.

La primera crisis de agua en Monterrey fue la de la década de los 50s, que más que provocada por el crecimiento poblacional, el área metropolitana llegaba apenas al medio millón de habitantes, fue provocada por la industria. Muchos procesos industriales requieren enormes cantidades de agua. La solución en ese momento fue draconiana: traer a Monterrey el agua de Mina, Nuevo León, municipio que era conocido como el lugar de los manantiales. Hoy Mina es un desierto de menos de cinco mil habitantes.A principios de los años 60s se construyó en el municipio de Santiago la presa de la Boca, oficialmente Presa Rodrigo Gómez, con el objetivo de almacenar el agua de esas esporádicas pero torrenciales lluvias de la región. 

Presa de la boca actualmente a menos del 22% de capacidad

El sacrificio del pueblo de Mina y la presa de la Boca nos dieron más de 20 años. Fue en los 80’s que ante el crecimiento desmedido de la zona metropolitana una vez más nos enfrentamos al desabasto del vital líquido. Nuevo León ya tenía en 1980 más de dos millones y medio de habitantes de los cuales más del 90% se encontraban en el área metropolitana. Hubo cortes de agua y fue necesario el traslado de pipas a ciertas colonias simplemente para beber. 

La crisis fue solucionada por el entonces gobernador Alfonso Martínez Domínguez quien construyó la presa Cerro Prieto. La obra, inmensa y costosa llamada por algunos como ‘La obra del Siglo’, se planteaba como la solución final a la cuestión de agua. “Monterrey tiene agua, ganamos la batalla del agua” decía el gobernador en una entrevista. Sin embargo, en la misma entrevista Don Alfonso soltaba la advertencia “Monterrey no puede crecer más allá de tres millones y medio o cuatro millones de habitantes de lo contrario habrá una crisis de agua”.

Monterrey
Alfonso Martínez Domingues en entrevista con Gilberto marcos 1983

Sin embargo, las duras sequías y la insaciable sed de Monterrey provocó que en 1994 se construyera la Presa del Cuchillo ubicada en China Nuevo León la cual se alimenta del Río San Juan.  Esto provocó un conflicto entre Nuevo León y Tamaulipas ya que este último aprovechaba la afluente del mencionado río para uso agrícola.  Después de diferentes manifestaciones sociales y enfrentamientos que estuvieron a punto de desencadenar en violencia ambos estados llegaron a un acuerdo sobre el uso de la presa.

   Increíblemente, entre estas grandes crisis de agua, diferentes huracanes o depresiones tropicales azotaron la zona metropolitana generando cientos de muertos. Entre ellos destaca el Huracán ‘Beulah’ del 67 y el Gilberto en el 88 que dejó al menos 200 muertos en Nuevo León y miles de millones de pesos en daños.

    En 2010 el huracán ‘Alex’ fue un evento meteorológico que marcó nuestra generación. El río Santa Catarina, río que rara vez lleva algo de agua, estaba a su máxima capacidad. “El Alex” en su destrucción, transformó para siempre la zona metropolitana y dejó una impresión imborrable a todos aquellos que lo atestiguamos. 

Quizás, fue precisamente ese recuerdo que tenemos la mayoría de los regiomontanos de ver nuestras calles completamente inundadas, que nos hizo insensibles ante el proyecto llamado “Monterrey VI”.  Planteado por el gobernador Rodrigo Medina, consistía en traer el agua de uno de los afluentes del río Panuco. 

Para muchos era imposible ver la crisis que venía, todavía en 2015 las tres presas estaban arriba del 100% de su capacidad, por lo que la sociedad civil del estado atacó la idea enfocándose en los costos de la obra, el impacto ambiental y la probable corrupción que implicaba su promoción.

El sexenio del Bronco se orientó a una gran obra, la presa Libertad. Ubicada entre los municipios de Montemorelos y Linares ha sido extremadamente cuestionada por lenta, ineficiente e incapaz de solucionar el problema que se nos viene encima. Hoy no va ni a la mitad de su construcción. 

La semana pasada el Gobierno de Samuel García hizo lo que se veía inevitable: declaró el estado de emergencia por la escasez de agua en Nuevo León. Las presas del estado se encuentran en bajos históricos y las opciones a corto y mediano plazo son inexistentes. 

Presa Cerró Prieto aproximadamente al 9%

Hoy la zona Metropolitana de Monterrey tiene más de 5 millones y medio de habitantes, siendo la segunda metrópoli más poblada de México. Olvidando las advertencias de Don Alfonso, olvidando que somos un pequeño oasis en el gran desierto que es el norte de México, crecimos sin medida y sin un plan.

 John F. Kennedy decía que uno de los mayores problemas de la clase política es que, en ocasiones, olvidan lo importante a causa de lo urgente. Entre el Covid, las elecciones, la politiquería del día a día, el deseo por más dinero a través de la industria y desarrollo inmobiliario, por increíble que parezca, se les olvidó algo tan elemental como el agua.  

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