Exclusión, violencia y elecciones

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Violencia

Diálogos en el Infierno

José Zenteno

¿Usted está en contra de sacar de la pobreza a los mexicanos? ¿Usted se opone a desterrar la corrupción del gobierno? ¿Usted anhela un país donde la convivencia sea una confrontación constante? ¿Usted se opone a combatir la delincuencia? ¿Usted está conforme con la violencia en que vivimos? ¿Usted aprueba que las mujeres sean violentadas todos los días en espacios públicos o privados? ¿Usted está a favor del desempleo, la inflación y la precariedad colectiva? Si usted respondió No a TODAS las preguntas, usted coincide con el 95% de mexicanos a quienes se las hemos formulado.

La realidad es que casi nadie queremos que le vaya mal al país ¿Por qué México está peor si todos estamos de acuerdo? Porque estamos divididos. La exclusión social, económica y política nos impide prosperar, favorece el conflicto, la violencia, la pérdida de confianza y la degeneración acelerada de las relaciones sociales y económicas.

La apuesta de los que hoy gobiernan es terminar con la división al hacernos a todos iguales (sino a todos, sí a la mayoría, por eso la ofensiva en contra de las clases medias). El discurso de la igualdad suena muy bien para los de abajo y muy mal para los de más arriba. Los primeros creen que tendrán más oportunidades si los de arriba pierden lo que ellos consideran privilegios mal habidos, mientras que los otros se resisten a dejar de percibir parte de los beneficios que obtienen en este sistema.

El bando liberal apostó por generar riqueza creyendo que ésta se derramaría por arte de magia en toda la pirámide social. La realidad ha demostrado que no es así, la riqueza no baja con la velocidad y el volumen necesarios para que todos los segmentos sociales tengan bienestar. 

La disyuntiva es igualar hacia abajo empobreciendo a las clases medias o igualar hacia arriba enriqueciendo a las clases bajas ¿Usted cuál prefiere? La mayoría dice que igualar hacia arriba es mejor idea. Entonces viene la segunda discusión ¿Cómo hacerlo?

La izquierda que gobierna optó por transferir dinero en efectivo a ciertos segmentos de la sociedad; los jóvenes y los adultos mayores. Dinero fácil a cambio de nada. Nuevamente esta política es aplaudida por los de abajo ya que consideran que la pobreza es un problema de falta de dinero, cuando esa carencia es solo la consecuencia más evidente pero no la causa. La pobreza y la desigualdad no se resuelven con transferencias de efectivo desde el Estado. No hay dinero que alcance para eso y aunque lo hubiera, la gente, los beneficiarios, tienen que resolver otras carencias antes de poder abandonar la pobreza. Por lo tanto, la estrategia de la izquierda está condenada al fracaso desde la perspectiva social pero resulta muy eficaz desde la electoral.

Los liberales con toda su racionalidad optaron por una estrategia mixta que atendiera las causas de la pobreza mediante acciones en diferentes frentes: infraestructura, educación, salud, vivienda digna, entre otros, además de transferir dinero a ciertos segmentos, particularmente a las madres de familia. El problema con la estrategia liberal es que necesitan pasar 3 generaciones para sacar de la pobreza a la gente, y nadie tiene ese tiempo para esperar pacientemente a que su vida cambie.

Entonces surge la tercera discusión ¿Y cómo le hacemos si nada funciona y el país se está incendiando? Lo urgente es dejar de echarle más gasolina al incendio. Los que están arriba de la pirámide, me refiero a gobernantes, empresarios, académicos, periodistas, analistas, partidos políticos, todos tenemos que contribuir a disminuir los niveles de violencia y agresión.

La estrategia de comunicación de López Obrador convenció a un segmento muy grande de mexicanos de la existencia de un enemigo portador de todos los vicios y causa de todas las catástrofes que aquejan a la nación. A más de 3 años de gobierno muchos todavía creen en esa fantasía. La vida de su movimiento político depende de que el enemigo siga vivo en la imaginación de su pueblo, esa es la razón por la cual conserva el mismo guión y tono de su discurso desde que era candidato. Andrés Manuel se proyecta ante la sociedad como un caudillo que siempre está en la batalla por las causas de su pueblo. Si el enemigo desaparece, también desaparece la fábula del caudillo.

El problema con la fábula es la violencia que reviste al mensaje. Hace un llamado implícito a la aniquilación del enemigo y es lo que está ocurriendo, nos estamos matando. Porque en la lógica del pueblo, el enemigo es cualquiera, no solo el que estaba en el poder. La mujer que se revela y demanda espacios en su familia o en su relación, es el enemigo. El compañero de escuela que no se somete ante otro compañero, es el enemigo. El que tiene una banda en el barrio distinta a otra banda, es el enemigo. Y por supuesto, el que tiene más porque anda en coche o tiene casa y ropa bonita, también es el enemigo.

Y del otro lado, la oposición tampoco ayuda a bajar los niveles de estridencia y de violencia verbal. En alguien debe caber la prudencia y ojalá que sea en ambos bandos.

Muchos me preguntan si la solución la tiene un partido u otro. Les contesto que en el 2024 pienso votar por el candidato o candidata que, primero, se comprometa a unir y no a dividir. Segundo, que llame a la corresponsabilidad social donde quien más tiene y puede esté más obligado a contribuir. Tercero, un candidato que entienda que los problemas son complejos y que ofrezca soluciones fundamentadas en la razón y en la ciencia, no en ocurrencias. Cuarto, que reconozca que la seguridad, la prosperidad, la justicia, la honestidad y la paz se construyen con el tiempo, son fruto del trabajo y de la constancia, y lo más importante, requieren de instituciones virtuosas que funcionen y las apuntalen. Quinto, un candidato o candidata que convenza a los segmentos de arriba a pagar mucho mejores salarios a sus trabajadores, y a los de abajo a trabajar y esforzarse por salir adelante. Solo así, con estos 5 pasos podríamos aspirar a erradicar la pobreza en una generación y a reconstruir la cohesión social.

México necesita un liderazgo que reconcilie, incluya, sume y armonice de verdad, no solo en el discurso. La solución está en comenzar a hacerlo juntos, nosotros, usted y yo como ciudadanos responsables.

Violencia, Violencia

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