El 2024 visto desde el 2022

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Diálogos en el Infierno

Jose Zenteno

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Las pasadas elecciones celebradas en 6 estados de la República nos dejan algunos aprendizajes importantes de cara al proceso del 2024. Tanto la oposición como el oficialismo tienen motivos para celebrar y también razones para preocuparse.

Lo bueno

Estarán contentos los del gobierno federal por incrementar el número de estados bajo el control de MORENA y por haber arrebatado bastiones electorales importantes como Tamaulipas, Oaxaca e Hidalgo. También podrían celebrar por haber obtenido 2.7 millones de los 5.2 millones de votos emitidos, equivalentes al 52.8 por ciento de la votación.

La oposición tiene que celebrar los triunfos en Aguascalientes y Durango. Victorias conseguidas en contra de candidatos que contaban con recursos ilimitados, las estructuras de los programas sociales y toda clase de operadores políticos. En este contexto, ganar 2 estados es para estar contentos ya que la aplanadora de MORENA no fue capaz de conseguir el 6 de 6 que habría noqueado a la oposición, incluso antes de comenzar la pelea por la presidencia de la República. 

Los ciudadanos estamos contentos porque no hubo violencia ni una intervención descarada del crimen organizado. Podemos celebrar que salvo en algunas regiones de Tamaulipas y Oaxaca, los criminales no fueron un factor determinante de los resultados. Esta situación podría deberse a la presión que hizo la sociedad civil -y una parte de la clase política- al denunciar una alianza de facto entre organizaciones criminales y el partido del presidente López Obrador. También podría ser consecuencia de que el gobierno prefirió evitar una crisis de violencia electoral que pusiera el foco sobre México en el marco de la Cumbre de las Américas.

Lo malo

La participación en los 6 estados fue de solo 45 por ciento de la lista nominal. En Tamaulipas se consiguió la más alta con el 53.3 por ciento, mientras que en Oaxaca se observó la más baja con apenas el 38 por ciento. Ha caído la participación en las elecciones locales durante los últimos 15 años, lo que demuestra que la democracia y sus actores políticos no entusiasman a la población. Nuestro sistema político requiere de una renovación orientada a incrementar la legitimidad de la representación, pues la apatía está relacionada con el encumbramiento de líderes que no representan a la sociedad.

Además de la crisis de representatividad, el abstencionismo es consecuencia de otros factores principalmente asociados a la oposición. Aplica el dicho “lo que resiste fortalece”, sin resistencia todo el sistema se debilita. El PAN, PRI y PRD han construido sus alianzas con base en el reparto de los cargos y no en la oferta política. Primero definen a los candidatos y luego se ocupan de comunicarle a la ciudadanía. Es decir, primero se reparten el botín político y después se preocupan por la gente a quien pretenden gobernar, por eso un amplio segmento de la población los ignora. 

Otra mala para la oposición es su incapacidad manifiesta de persuadir a los ciudadanos independientes de varios estados, por esa razón obtuvo menos votos que MORENA en la suma de las 6 elecciones. Si la presidencia de la República estuviera determinada por esos 6 estados, la oposición incluyendo a Movimiento Ciudadano habría perdido por más de 500 mil votos.

La mala noticia para MORENA fue el comportamiento de su rentabilidad electoral, ya que resultó más competitiva conforme disminuye la participación ciudadana. En Quintana Roo votó el 40.5 por ciento de la lista nominal y la diferencia de votos con respecto al PRIAN fue de 37.3 por ciento. Mientras que en Tamaulipas votó el 53 por ciento y la diferencia fue de solo 5.8 por ciento. Este fenómeno se observaba en los últimos años de los gobiernos priístas, eso significa que a menos de 4 años en el poder, en algunos estados MORENA ya presenta dolencias de un régimen viejo.

El comportamiento de los votantes

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Por otra parte, la serie de encuestas electorales publicadas por el periódico El Financiero, donde se muestran las preferencias en los 6 estados durante los 3 meses previos a la elección, y los compara con la encuesta de salida, el conteo rápido del INE y el PREP. En esas series de datos el encuestador Alejandro Moreno (que es bastante bueno), nos deja ver varias cuestiones interesantes en el comportamiento de las preferencias electorales. 

En los estados donde ganó MORENA su voto está compuesto mayoritariamente por beneficiarios de programas sociales que aprueban al presidente López Obrador, es decir, son estructuras electorales conformadas con el presupuesto público. La fórmula para ganar en esos estados fue una baja participación combinada con la movilización de estructuras, como lo hacía el PRI. Incluso en Tamaulipas la proporción de votantes con esas características fue mayor que en Durango y Aguascalientes. Sin las estructuras construidas a partir de los programas sociales MORENA no habría ganado Tamaulipas.

En Aguascalientes y Durango donde ganó la oposición, observamos un efecto de voto útil a favor de los candidatos del PRI, PAN y PRD en perjuicio de los candidatos de MORENA y de Movimiento Ciudadano. Mientras que en Quintana Roo lo que se observa es un proceso de compra de votos que se trasladaron de la candidata del PAN PRD a la de MORENA, en Hidalgo el éxodo de votantes fue de Movimiento Ciudadano a MORENA (eso casi nunca ocurre).

El factor Movimiento Ciudadano

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Foto: Cuartoscuro

El partido naranja apenas sumó 240 mil votos equivalentes al 4.6 por ciento la votación total emitida en los 6 estados donde hubo elecciones el pasado domingo. Una cosecha bastante pobre que demuestra la debilidad de ese partido en regiones del país donde no existe una clase media urbana con características metropolitanas. Movimiento Ciudadano se convierte en una alternativa atractiva para ese tipo de poblaciones de clase media a condición de presentar candidatos disruptivos que signifiquen cambio, al menos en la forma (por eso MORENA presionó para que bajaran a Roberto Palazuelos de la candidatura a gobernador de Quintana Roo).

El peso electoral de Movimiento Ciudadano está focalizado en ciertas regiones del país con características particulares y depende de quienes sean sus candidatos. Sin embargo, no se debe minimizar su capacidad de influir en el resultado de las próximas elecciones presidenciales porque, a pesar de obtener pocos votos, su papel como tercero en discordia podría otorgarle la victoria a MORENA si la elección se cierra.

Conclusiones

  • Nadie ganó todo y nadie perdió todo el pasado 5 de junio, así debe de ser en una democracia. Las hegemonías políticas no le sirven a la sociedad pues los contrapesos al poder siempre son necesarios.
  • Tanto MORENA como la oposición mostraron fortalezas y debilidades en estas elecciones. Algunas de esas debilidades serán determinantes para las elecciones presidenciales.
  • Desde mi perspectiva ninguna fuerza política tiene ganadas las próximas elecciones, ni en 2023 y menos en 2024. Hay competencia y eso nos debe de alentar a prepararnos para participar, sobretodo quienes andan en busca de un cargo.

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